Escrito por en Jun 4, 2010 en | 0 Comentarios

Habitualmente la profesión o aficiones de la pareja suele ser un buen punto de partida para crear una historia, pero en este caso las cosas fueron por otro lado muy distinto.

Es curioso pero una de las primeras cosas que llaman la atención de Òscar y Anna son sus gafas ya que las de ambos son muy llamativas. En el caso de Òscar son rojas y en el caso de Anna de pasta y blancas con colores a ambos lados.

Ya teníamos un punto de partida pero el problema es que a medida que pensaba en historias de gafas o sobre ellas me alejaba de concepto inicial. No se trataba de hablar de “gafas” en general, si no de “sus gafas”, las que los hacían especiales a ellos. Qué mejor manera de hacer recordar a los invitados lo que les caracteriza, que entregarles sus propias gafas en las invitaciones.

Con el concepto y el formato claro tocaba juntarlo todo en una historia. Sabía que las invitaciones incluirían unas gafas de cartón dentro pero había que buscarles una función que fuera más allá de ponérselas y “sentirse como los novios” y pensé que la única manera de obligar a los invitados a ponerselas era que fuera imprescindible tener que usarlas para poder leer las invitaciones.

Imagino que el boom de las películas en 3D tuvo mucho que ver y valoré la posibilidad de hacer algo así pero complicaba demasiado la lectura y además el objetivo era que fuera “imprescindible” usar las gafas para leer el mensaje, no que hiciera “más atractivo” el contenido. Así que buscando algún proveedor de gafas “estereoscópicas” (las típicas de una lado azul y el otro rojo) recordé que en los 90, cuando uno era todavía joven, muchos juegos incluían problemas de todo tipo donde para ver la solución tenías que utilizar un trozo de plástico rojo para poder ver la respuesta.

ya lo teníamos :D